Respiración oral
- Silvia J. Vilaña García (Silvia V.G)

- 3 may 2021
- 1 Min. de lectura
Actualizado: hace 3 días
“Yo respiro. Una experiencia transformadora en el Arte de Vivir.”
—Soledad Simond

La respiración es automática. Lo damos por sentado y mientras funcione bien, pensamos: “Todo está bien”.
Pero, ¿qué pasa cuando algo va mal de manera lenta y silenciosa? Los efectos se acumulan con el tiempo y apenas nos damos cuenta…
Confieso que yo formaba parte de ese grupo hasta que estudié Logopedia.
Recuerdo la primera vez que tomé conciencia de cómo mi respiración estaba afectada y de lo que podía significar a largo plazo: mis ojos se abrieron como platos.
Fue entonces cuando escuché por primera vez: “Respirador Oral” (R.O.).
Mi primer pensamiento: “¡Uy, lo tengo todo mal colocado!”; postura encorvada, labios apenas sellados, lengua relajada entre los dientes y respiración clavicular (con el pecho en lugar de usar costo-diafragma).
En los casos más severos, un R.O. prolongado puede generar:
Respiración constante por la boca
Ojeras y aspecto de cansancio crónico
Paladar ojival
Apneas nocturnas
Escape constante de saliva
Labio inferior débil y labio superior corto y tenso
Deglución atípica
Narinas estrechas
Disminución de concentración y capacidad respiratoria
Al trabajar con mi respiración de forma consciente, cada detalle cobró sentido: postura, lengua, sellado labial y respiración nasal no son pequeños detalles; son la base de un desarrollo funcional saludable y de bienestar diario.

Si tú o alguien cercano nota signos similares, no esperes a que pase el tiempo. Una evaluación profesional temprana puede marcar la diferencia.
La Logopedia no solo corrige hábitos: previene, mejora y transforma vidas desde la raíz.







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