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Deglución, deglución atípica y disfagia: cuando una palabra lo cambia todo.

Actualizado: hace 3 días



Quiero empezar compartiendo una frase que, a nivel profesional, me marcó profundamente durante mi formación inicial:

“La disfagia puede matar. La deglución atípica, no.”

Es una frase impactante, sí. Pero cobra verdadero sentido cuando se entiende el contexto clínico que hay detrás.


Durante mi formación, se nos planteó un caso simulado de una persona con afectación neurológica. El ejercicio consistía en evaluar la situación y establecer prioridades de intervención, distinguiendo qué aspectos requerían atención inmediata y cuáles podían abordarse en un segundo momento.

Como futura logopeda en aquel momento, me lancé con seguridad a analizar el caso, marcando objetivos y recibiendo validación… hasta que pronuncié una palabra:

“Deglución”.

Se hizo el silencio.Y ahí supe que algo importante estaba a punto de aprender.


Antes de continuar, es necesario aclarar algo fundamental: la deglución es una de las funciones clave en la formación logopédica. No solo porque esté implicada en la alimentación, sino porque, si falla en algún momento de la vida, puede comprometer seriamente la salud y la calidad de vida de una persona.

Para explicarlo de forma clara y sencilla (como si se lo explicara a mi madre) conviene diferenciar tres conceptos que a menudo se confunden:

  • Deglución: es el acto de tragar; el proceso mediante el cual el alimento pasa desde la boca, atraviesa la garganta y llega al estómago.

  • Deglución atípica: se produce cuando existe un patrón alterado en alguna fase del proceso, desde la masticación hasta el empuje lingual hacia la garganta.

  • Disfagia: aparece cuando la persona tiene dificultad o incluso imposibilidad para tragar, con riesgo real para su seguridad.


Volviendo a la experiencia, tras aquel silencio llegó la pregunta clave: “Deglución, sí… pero en este caso, ¿a qué nos referimos exactamente?”

Con seguridad, respondí: deglución atípica.Y fue entonces cuando surgió la frase que aún hoy me acompaña.


Con el tiempo, la formación y la experiencia clínica, esa lección quedó grabada con claridad: no todas las alteraciones de la deglución tienen la misma gravedad ni requieren la misma prioridad clínica.

Un patrón alterado puede generar consecuencias funcionales importantes, pero cuando existe dificultad real o imposibilidad para tragar, el riesgo es inmediato: atragantamientos, aspiraciones o incluso asfixia.

Hoy, desde mi experiencia profesional, esta distinción no es solo teórica. Es una guía clínica que marca decisiones, prioridades y, en muchos casos, seguridad y vida.

Por eso, cuando aparecen dudas relacionadas con la alimentación, la deglución o la seguridad al tragar, una valoración logopédica especializada es clave. Evaluar a tiempo permite diferenciar, orientar y actuar con rigor.

Si tienes dudas o necesitas una valoración profesional, estaré encantada de acompañarte y orientarte desde un enfoque clínico, honesto y adaptado a cada persona.


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Silvia J. Vilaña García

Logopeda

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